Entrevista en Codalario

Date20/06/2024
Mediawww.codalario.com
AuthorAurelio M. Seco

‘EN MUCHOS CENTROS ESPAÑOLES, EL CRITERIO QUE SE UTILIZA PARA PROGRESAR O CONTRATAR A ALGUIEN ES ÚNICAMENTE EL DE ANTIGÜEDAD’

La Orquesta Sinfónica de Galicia hace hoy historia al convertirse en el primer conjunto sinfónico español en emitir sus conciertos en streaming directo a través de su página web. La cita será a las 20:30 horas, e incluirá el estreno absoluto de Fragmentos del «Satiricón», obra del compositor español Fernando Buide, ganadora del Premio de Composición AEOS-BBVA 2013. El progama se completa con el Concierto para piano y orquesta nº 2 de Prokófiev -con Simon Trpceski como solista-, y la Sinfonía nº 3 de Rachmáninov. Dirige el concierto Dima Slobodeniouk, titular del conjunto
¿Qué tipo de obra es Fragmentos del «Satiricón»?
Se trata de una composición de 12 minutos que presenté en la séptima edición del Premio de composición AEOS-BBVA. El título está tomado de la novela picaresca del mismo nombre escrita por Petronio. También me inspiré en Satiricón, la película de Federico Fellini. Estéticamente, la composición intenta acercarse del carácter abigarrado y tumultuoso de ambas obras. Los asistentes al estreno se encontrarán una serie de gestos o ideas melódicas que a veces suenan simultáneamente, otras se interrumpen o en ocasiones se desarrollan con amplitud. Se puede decir que en ciertos momentos ocurren muchos estratos sonoros a la vez.
¿Está compuesta en un solo movimiento?
Sí, hay una sola sección, en la que se pueden encontrar, más o menos, tres momentos. No hay, sin embargo, cesuras. La idea era que la música evolucionase continuamente sin que se percibieran secciones claramente diferenciadas.
¿Qué compositores le han influido?
Estudié bastante la obra de Roberto Gerhard. Realicé mi tesina sobre él en la Universidad de Yale, porque siempre me había atraído como compositor. Fue un compositor importante que estuvo en contacto con las escuelas musicales de posguerra. Admiro su rigor a la hora de escribir y la variedad de estilos que fue capaz de incorporar a sus partituras, desde la música folclórica hasta las últimas técnicas compositivas del momento. También fue un gran orquestador, el aspecto que quizás más me atrajo de su trabajo. No podemos olvidar que Gerhard fue alumno de Arnold Schoenberg, uno de los compositores más influyentes del siglo XX. Seguramente, Gerhard es mi influencia más importante, pero también me interesa la obra de Luciano Berio, Pierre Boulez o Elliot Carter y, quizás yendo algo hacia atrás, la música de Prokofiev o Wagner, este último por su lenguaje armónico y orquestación.

Hay quien sostiene que Wagner ha sido un genio pero incapaz de mostrar su talento dentro de las formas musicales más tradicionales, algo en lo que sí destacó Brahms
Puede ser. A nivel formal, la música de Wagner a veces da la impresión de necesitar un texto para dotarla de cierta continuidad formal, algo que no se puede comparar con la perfección formal de las obras de Brahms. Pero también es cierto que recrearse tres o cuatro minutos en la sonoridad de un solo acorde es una experiencia estética que en Wagner resulta muy estimulante. Este tipo de propuestas no las encontramos en Brahms.
¿Dedica sus Fragmentos del «Satiricón» a Leonardo Balada?
Sí. Se puede decir que con esta obra he obtenido el premio más importante de mi carrera hasta la fecha. Balada ha sido mi maestro de composición y me parece de justicia dedicarle la obra.
En la actualidad es profesor en el Conservatorio de La Coruña pero, ¿ha pensado volver a EEUU?
Sí, EEUU es un país que me atrae mucho. No descartaría volver en absoluto, porque me parece que, en general, se trata de un lugar en el que existen pocos prejuicios hacia lo nuevo, y las instituciones culturales y educativas son más dinámicas y abiertas al cambio. No hace demasiado tiempo, hablando con un compositor que reside en París, me decía que algunas de las personas de mayor formación intelectual -lo intelectual no como una pose sino como algo natural- se las encontró en EEUU. Creo que tiene razón.
¿Tenemos demasiada pose en España y Europa?
Es posible que a veces tengamos demasiada pose, sobre todo si hablamos de determinado tipo de instituciones culturales. Fíjese que, en EEUU, hay muchos mecanismos que permiten el reciclaje. En España, si un Premio Nobel quiere volver a dar clase en la universidad, no estoy seguro de que encuentra la forma de entrar. En muchos centros españoles, el criterio que se utiliza para progresar o contratar a alguien es únicamente el de antigüedad.
¿Es tan difícil consensuar objetivamente lo que tiene calidad y lo que no la tiene?
Yo creo que la calidad musical de una pieza no está reñida con su complejidad. Por ejemplo, la música de Bach es de las construcciones más complejas que conozco y, sin embargo, alguien que desconozca cómo analizarlas se va a dejar llevar y seducir por la obra. Por otro lado, tampoco pienso que, porque algo no llegue a todo el mundo, tiene obligatoriamente que perder validez estética. Por ejemplo, no hace mucho tiempo, la Filarmónica de Nueva York interpretó las Variaciones para orquesta de Schoenberg, que es una obra fantástica y, a lo largo del concierto, al menos una docena de personas del público se levantó y se marchó de la sala del Lincoln Center.

¿Dónde están los límites del criterio?
Cada vez se van empujando más allá. A mí, por ejemplo, antes no me atraía la música de John Cage y, sin embargo, ahora cada vez me interesan más sus planteamientos. Cada día que pasa soy más abierto y creo menos en la obra musical como un objeto autónomo (que sólo se pueda entender aludiendo a los aspectos técnicos de su gramática).